“Nuestro 20N”

El 20N cambió la coyuntura abriendo paso a una nueva situación política en el país. La coyuntura del 20 combinó elementos cuantitativos y cualitativos condensados en tres importantes elementos que en pequeño mostraron una gran proyección estratégica.

El primero de ellos es la primera huelga general contra el gobierno kirchnerista tras una década que puso en evidencia la fuerza de la clase obrera, lo que le da confianza en sí misma, aunque como dice en su post PV con un programa social, pero no aún político. Inevitablemente aún sin conseguir conquistas el 20N la clase obrera confía más en sí misma, y después de una recomposición objetiva de casi 10 año se abre un proceso de recomposición subjetiva, donde la clase obrera argentina empieza a recomponer también su fuerzas morales (por la combinación de que no median derrotas, que las concesiones del régimen de desvío actuaron como “conquistas”, y sobre todo porque por primera vez muestra su fuerza social). El 20N dejó a las claras quién tiene el control de la producción de riqueza del país.

El segundo elemento fueron los piquetes desarrollando una alianza de clases, mostrando en las calles la unión con los sectores no sindicalizados, precarizados, en negro y/o desocupados. El 20N dejó también como idea quién tiene (y puede tener aún mucho más) el control de las calles, de las arterias que anularon el acceso al principal centro económico y político de la burguesía. El corte de la panamericana mostró la poderosa alianza tejida por el corte de la autopista entre los centros fabriles con las barriadas populares o los canales de acceso a sus trabajos que usan los millones de trabajadores del GBA.

El tercer elemento fue la tradicional unidad obrero estudiantil, y la “fuerza de la juventud” que contra el spot kirchnerista, esta vez se mostró en las calles en apoyo a una acción obrera por demandas progresivas contra el Gobierno nacional. En palabras de Trotsky, la levadura que debe “orientar en la práctica a toda la organización hacia las fábricas, las huelgas, los sindicatos”. El peso en la Argentina de los estudiantes secundarios, terciarios y universitarios, que no son menos que millones de jóvenes con un alto nivel de politización, que vienen demostrando una predisposición embrionaria a la lucha, y tendencias a unir sus demandas con la clase obrera como perspectiva. El dato que marcaba en otro mail de Hugo Moyano destacando la presencia de estudiantes en la Conferencia de la CGT dio la impresión de que hasta la burocracia sindical más rancia quiere presentarse como hegemónica tejiendo alianza con el movimiento estudiantil (esto lo digo como proyección de una “idea fuerza” y no como un hecho de la realidad). Ya no son solo los militantes del PTS los que hablan de unidad “obrero estudiantil”. El 20N entonces también dejó la idea (sobre todo por la acción en el centro porteño) de la proyección estratégica que tiene la “idea fuerza” de la unidad de obreros y estudiantes.

Estos tres elementos que son claves para pensar la “huelga metropolitana” estuvieron presente el 20N. Hace unos meses en el partido discutíamos que: “Ya en el 2004, a propósito de la convergencia de huelgas de transporte y servicios, destacamos el rol de este sector clave de la clase obrera, a propósito del análisis de la “huelga metropolitana”, término utilizado por el filósofo italiano Tony Negri que planteaba luego de la gran huelga francesa de los estatales en 1995, que se imponía pensar la acción militante como un conflicto de toda la ciudad1. Desde nuestro punto de vista, es la acción obrera con sus métodos, la que direcciona y da capacidad de coerción sobre el capital a un movimiento de trabajadores y usuarios. La huelga como acto de subversión del trabajo, paraliza la actividad de las empresas y ataca el interés capitalista. Es a partir de este hecho que la población se involucra. La acción común transforma la lucha reivindicativa en causa social, en lucha política, trastocando la normalidad burguesa e involucrando a toda la ciudad con nuevos métodos de lucha que apunten hacia la unidad obrera y popular. La “huelga metropolitana” es, para nosotros, la puesta en escena de esa hegemonía demostrando la capacidad del proletariado de los principales servicios de paralizar el principal centro político, económico y financiero del país, evitando la llegada a sus puestos de trabajo de millones a través del transporte público, la entrada de vehículos a la Capital a través de cortes como los que ensayamos en 2009 en la Panamericana y con los cortes estudiantiles en Callao y Corrientes, la paralización de aeropuertos como Aeroparque y del estratégico puerto de Buenos Aires, además de la banca, la AFIP y diversos centros recaudadores del Estado nacional y de la Ciudad. Asimismo, por su altísima repercusión social, no podemos dejar de lado como componentes de este escenario a los docentes y a los trabajadores de salud que manejan los 33 hospitales públicos que hay en la Ciudad, sin contar los innumerables centros de salud privados y de las obras sociales.

Prepararnos para la huelga metropolitana, es prepararnos a dirigir como partido una gran acción obrera independiente del proletariado que transforme la huelga política en insurreccional. Por la negativa, lo que mostró el 20N que aún falta es un partido de vanguardia que la dirija esa gran acción obrera independiente, y que su surgimiento estará íntimamente ligado a la ruptura de sectores de la clase obrera con el peronismo y a cómo llegue la izquierda para capitalizarlo.

Pero por la positiva, lo que sí se vio el 20 es el peso del PTS, como “minoría intensa” de la clase obrera, con voluntad hegemónica sobre los jóvenes precarizados, los estudiantes, los inmigrantes y las mujeres, y actuando con proyección estratégica. Esta es la “anomalía argentina”: el peso del trotskismo en el movimiento obrero a pesar de transitar una década contra la corriente por el profundo reformismo con baja intensidad en la lucha de clases. ¿Qué es lo nuevo? La predisposición que mostró el PTS de poner el conjunto sus “conquistas”, como concentración de fuerzas, en función de la lucha de clases, de que avance el proletariado. Es la primera vez que actuamos tácticamente en el marco de un frente único obrero con semejante proyección estratégica. “Nuestro 20N” fue nuestro simulacro de actuar como partido de vanguardia: nuestro pequeño ensayo que abre la posibilidad de “estrenar la obra”. Toda la actividad del partido entonces tiene que girar de ahora en más en función de asumir la responsabilidad histórica que dejamos sentada en “nuestro 20N”.

1 [1] En el caso de este pensador autonomista, esta idea, implica lo territorial como el escenario de la lucha y no la centralidad del trabajo asalariado y de la empresa como el centro organizador de la clase obrera y de la actividad capitalista.

 

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