Lenin, la teoría del imperialismo y sus críticos

1, La teoría del imperialismo: Lenin en su folleto Imperialismo, fase superior del capitalismo (1916) da cuenta de una nueva época en la que está entrando el capitalismo donde sus características fundamentales comienzan a convertirse en su antítesis. Es una época de transición del capitalismo de libre competencia a una estructura económica y social más elevada. Se impulsa y consolida la gran producción, llevando la concentración de la producción y del capital hacia el surgimiento de los monopolios. Esta es una característica central del proceso: la fusión del capital industrial con el bancario, dando origen y, rápidamente un lugar central, al capital financiero. Pero es necesario aclarar que Lenin sostiene a su vez que: “los monopolios, que se derivan de la libre competencia, no la eliminan, sino que existen por encima y al lado de ella, engendrando así una serie de contradicciones, rozamientos y conflictos particularmente agudos.1. Esto último es así ya que la presión de los monopolios crean nuevas relaciones sociales de dominación, con la característica de ser mucho más aplastantes, haciendo uso de la fuerza (según su desarrollo económico y político) para obtener mayores beneficios. Propio de esta época, es la exacerbación de la lucha por el reparto del mundo, llegando al punto en el que el capital financiero subordina a países con independencia política formal, volviéndose encarnizada lucha de los monopolios por anexionar colonias.

Lenin define esta nueva etapa imperialista dando cuenta de sus cinco rasgos fundamentales: “1) la concentración de la producción y del capital llegada hasta un grado tan elevado de desarrollo que ha creado los monopolios, que desempeñan un papel decisivo en la vida económica; 2) la fusión del capital bancario con el industrial y la creación, sobre la base de este “capital financiero”, de la oligarquía financiera; 3) la exportación de capital, a diferencia de la exportación de mercancías, adquiere una importancia particular; 4) la formación de asociaciones internacionales monopólicas de capitalistas, las cuales se reparten el mundo, y 5) la terminación del reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes. El imperialismo es el capitalismo en la fase de desarrollo en la cual ha tomado cuerpo la dominación de los monopolios y del capital financiero, ha adquirido una importancia de primer orden la exportación de capital, ha empezado el reparto del mundo por los trusts internacionales y ha terminado el reparto de todo el territorio del mismo entre los países capitalistas más importantes.2

Son estas características de la fase imperialista las que, en palabras de Mandel, muestran que el capitalismo “No supera las crisis sino que les da un carácter más convulsivo3. De conjunto, estos rasgos dan cuenta de un capitalismo de transición, pero agonizante, parasitario y en descomposición. Como lo describe Lenin, es el propio monopolio el que engendra esta tendencia al estancamiento y la descomposición del sistema: “En la medida en que se fijan, aunque sea temporalmente, precios monopólicos, desaparecen hasta cierto punto las causas estimulantes del progreso técnico y, por consiguiente, de todo progreso, de todo movimiento hacia adelante, surgiendo así, además, la posibilidad económica de contener artificialmente el progreso técnico.4. Mandel en su artículo “La teoría marxista del imperialismo y sus críticos” va a contradecir esta definición central de Lenin -y de los marxistas revolucionarios- que va a ser clave en la posguerra: “el capitalismo monopolista también impulsa un aumento de estos descubrimientos técnicos5. La sostiene a pesar de que el propio Lenin había aclarado que “la tendencia al estancamiento y a la descomposición inherente al monopolio, sigue obrando a su vez, y en ciertas ramas de la industria, en ciertos países, [y] por períodos determinados llega a imponerse.6.

Una importante y destacada cita de Lenin basta para ser concluyentes: “Todo el mundo conoce hasta qué punto el capital monopólico ha agudizado todas las contradicciones del capitalismo. Basta indicar la carestía de la vida y el yugo de los cartels. Esta agudización de las contradicciones es la fuerza motriz más potente del período histórico de transición iniciado con la victoria definitiva del capital financiero mundial. Los monopolios, la oligarquía, la tendencia a la dominación en vez de la tendencia a la libertad, la explotación de un número cada vez mayor de naciones pequeñas o débiles por un puñado de naciones riquísimas o muy fuertes: todo esto ha originado los rasgos distintivos del imperialismo que obligan a caracterizarlo como capitalismo parasitario o en estado de descomposición. Cada día se manifiesta con más relieve, como una de las tendencias del imperialismo, la creación de “Estados-rentistas”, de Estados-usureros, cuya burguesía vive cada día más de la exportación del capital y de “cortar el cupón”. Sería un error creer que esta tendencia a la descomposición descarta el rápido crecimiento del capitalismo. No; ciertas ramas industriales, ciertos sectores de la burguesía, ciertos países, manifiestan, en la época del imperialismo, con mayor o menor fuerza, ya una, ya otra de estas tendencias. En su conjunto, el capitalismo crece con una rapidez incomparablemente mayor que antes, pero este crecimiento no sólo es cada vez más desigual, sino que esa desigualdad se manifiesta asimismo, de un modo particular, en la descomposición de los países más fuertes en capital.7.

2, Las consecuencias sobre las relaciones interestatales: Parafraseando a Lenin, la “unión personal” de los bancos y de la industria también trae aparejado la unión de estos con el gobierno. Contrariamente a la “ilusión de la paz” de Kautsky, la internalización del capital y el “fin” de la competencia, que se deriva de la tendencia a la concentración y la consolidación de los monopolios, trajo como consecuencia la exacerbación de las rivalidades imperialistas.

El reparto del mundo, derivado de la concentración del capital, depende de la relación de fuerzas entre los grupos capitalistas. Quien se imponga en esa disputa, según el desarrollo económico y político en cada caso, establece una determinada relación de fuerzas entre los Estados.

Como sostengo en el punto 1, es la tendencia a la dominación, y no a la libertad, la que trae aparejada las siguientes consecuencias: “La reacción en toda la línea, sea cual fuere el régimen político; la exacerbación extrema de las contradicciones en esta esfera también (…) Particularmente se intensifica también la opresión nacional y la tendencia a las anexiones, esto es, a la violación de la independencia nacional8.

Lenin hará uso del concepto de hegemonía que le dará un contenido más profundo y completo a la idea de rivalidad entre los países capitalistas: “para el imperialismo es sustancial la rivalidad de varias grandes potencias en la aspiración a la hegemonía, esto es, a apoderarse de territorios no tanto directamente para sí, como para el debilitamiento del adversario y el quebrantamiento de su hegemonía9.

Paula Bach explica cómo fue la estrechez del mercado mundial la que se convertía en un obstáculo para el desarrollo de las economías nacionales y cómo ésta, también, fue la base material para que el nacionalismo económico bajo la forma de los Estados capitalistas imperialistas surgieran con una “violencia inusitada”. “Un nacionalismo que a través del Estado busca coartar el libre accionar de la ley del valor. (…) la forma más acabada de este nacionalismo fueron las dos grandes conflagraciones interimperialistas en las que cada nación perseguía expandir sus fronteras conquistando al conjunto del planeta mediante la derrota militar de sus contrincantes.10”.

Esta característica de la época imperialista sigue estando vigente en la actualidad, por ejemplo, en las disputas interestatales entre Alemania y Estados Unidos, que muestran que lo que está en juego no es un choque de modelos, sin dos formas de aprovecharse de la acumulación capitalista en el marco de una crisis capitalista mundial, con epicentro en Europa, campo de batalla de las disputas entre estos dos países imperialistas11.

3, Algunos de los críticos de la teoría clásica del imperialismo: Mandel en su arículo La teoría marxista del imperialismo critica a los contemporáneos de Lenin a los contemporáneos de Lenin, como Kautsky, que cuestionaron su teoría clásica del imperialismo porque veían en la tendencia a la concentración que las contradicciones y conflictos interestatales disminuían en vez de exacerbarse. Criticaba su ceguera ante el carácter contradictorio y dialéctico de la evolución del capitalismo. En su crítica, les cuestiona que lo que perdían de vista por sobre todo, era el desarrollo desigual, que la tendencia a la concentración en un nivel superior derivaba en una nueva forma de competencia: la guerra interimperialista. Se torna imposible garantizar las ganancias monopolistas sin la intervención de los Estados en la economía. Lejos estaba esa realidad de las visiones “armoniosas” y “pacifistas” de los reformistas y de los teóricos de la burguesía12 visiones que aún habiéndose mostrado equivocadas, hemos visto revivir en las últimas décadas.

Juan Chingo debatiendo con Perry Anderson sobre el imperialismo contemporáneo retoma las discusiones de principio de siglo XIX: “Kautsky, por contraste, abstrayéndose de los intereses en lucha y de la dinámica de los estados concretos de aquel tiempo, llegó a la conclusión de que el futuro del sistema -por sus propios intereses- dependía de la emergencia de mecanismos de coordinación capitalista internacional capaces de trascender dichos conflictos, o lo que él llamó ‘ultra-imperialismo‘. Esta era una perspectiva que Lenin rechazó como utópica. La segunda mitad del siglo produjo una solución que ninguno de los dos imaginó (…) el problema de la coordinación podía ser resuelto satisfactoriamente sólo por la existencia de un poder superior, capaz de imponer la disciplina en el sistema de conjunto13.

Esta “vieja” controversia en verdad sigue vigente en los debates al interior de los críticos de la teoría del imperialismo de Lenin. Juan Chingo describe dos miradas: “Los que frente a la mayor extensión geográfica de las relaciones capitalistas y la mayor internacionalización de las fuerzas productivas retoman el esquema del “ultraimperialismo” planteado por Kautsky, hablando de una globalización armónica o transnacionalismo. Por otro lado, los que basados en el fuerte desequilibrio de poder presente en el actual sistema internacional, entre EE.UU. y el resto de las potencias, plantean las tesis del “superimperialismo”.

Claudio Katz estaría más cercano a esta primera mirada u oposición. En el artículo El imperialismo contemporáneo14 sostiene que el hecho singular del período que analiza es la ausencia de guerras interimperialistas por el predominio de los Estados Unidos que determinó el “viraje” de la etapa, caracterizado ahora por “un imperialismo por invitación”, donde ya no se vuelve al viejo esquema de las rivalidades destructivas. Mantiene la descripción de Lenin en cuanto al avance de la asociación internacional de los capitales, pero sostiene que lo nuevo es que no son capitales de un mismo país, razón por la cual surgen las multinacionales. El autor dice: “El ensayo de Lenin describía un contexto ya inexistente de guerra inter-imperialistas. También la primacía de las rivalidades económicas había quedado neutralizada por la interpenetración mundial de los grandes capitales. La preeminencia norteamericana contradecía, además, el escenario clásico.15. Estas diferencias ya aparecen en el planteo de Katz sobre la posguerra, donde el autor ve una pérdida de fuerza de las tendencias bélicas y económicas del período anterior: “La mayor integración diluye las posibilidades de choque entre bloques proteccionistas y acentúa el distanciamiento del período actual con la época de Lenin.16. Este nuevo tiempo se caracteriza porque “ninguna potencia está dispuesta a poner en riesgo la continuidad del capitalismo, con agresiones que fracturen el bloque de las economías desarrolladas.17, y lo que se refuerza es el rol militar dominante de Estados Unidos.

Panitch, por otra parte, critica las teorías clásicas del imperialismo en dos aspectos centrales: en su visión de la dinámica de acumulación capitalista y porque, según él, sostienen que las rivalidades interimperialistas son una ley inmutable del capitalismo. En su artículo “Capitalismo global e imperio norteamericano” desarrolla el conjunto de sus diferencias y críticas a la visión -según él- reduccionista (donde asemejan capitalismo e imperialismo) e instrumentalista del Estado, que lo llevan a concluir que lejos de ser la fase superior del capitalismo, como había sostenido Lenin, habría que hablar de una fase relativamente temprana del capitalismo. Discutiendo con Lenin va a sostener que: “El imperialismo capitalista, entonces, requiere ser comprendido mediante una extensión de la teoría del estado capitalista y no como una derivación directa de la teoría económica de las fases o de las crisis.18.

Al igual que Katz, Panitch desarrolla la noción de “imperialismo por invitación”, que da cuenta de cómo el imperio formal norteamericano logra establecer un sistema efectivo de coordinación de las otras potencias imperialistas bajo su égida, sin imposición unilateral, lo que hace que no se lo vea como imperialista. Lo novedoso de su planteo es la noción de internacionalización del estado: “la aceptación por parte del estado de hacerse responsable de manejar el orden capitalista doméstico de orden tal de contribuir al manejo del orden capitalista internacional” quienes “aceptaron la responsabilidad de crear condiciones internas necesarias para sostener la acumulación internacional19. El rol de los Estados Unidos es entonces el de ejercer su interés nacional no sólo en beneficio de su propia clase capitalista, sino fundamentalmente en beneficio de la extensión y reproducción del capitalismo global.

Al igual que Katz, el aplastante dominio militar norteamericano que ve Panitch refuta la idea de “rivalidades” por la integración económica y militar entre las potencias imperialistas. “La cuestión para los estados capitalistas no es prevenir las crisis episódicas (…) sino contenerlas. (…) el estado imperial estadounidense ha demostrado una notable capacidad de limitar la duración, profundidad y contagio de las crisis.20. El límite con el que se encuentra este nuevo imperialismo informal es con cómo fijar una estrategia de crecimiento económico coordinado. La idea de una nueva coordinación internacional, como una nueva forma de dominio social capitalista, confronta la idea de la tendencia a las guerras imperialistas, como guerras inevitables, conclusión a la que había llegado Lenin. Ambos planteos, el de Katz y Panitch, siguiendo el esquema propuesto por Juan Chingo tienen más puntos de contacto con aquellas vertientes ideológicas que caracterizan la época como la propia del “ultraimperialismo”.

El planteo de Meiksins tiene puntos de contacto con el planteo de Katz y Panitch que lo lleva a tener también una mirada crítica de la teoría del imperialismo de Lenin, pero mantiene una diferencia sustancial con el planteo de los primeros. Ve en los Estados Unidos el rol de “policía de mundo en interés del capital (norteamericano)” pero no abocado a los objetivos de expansión imperial y rivalidad interimperialista de la época de Lenin. Sostiene también que “Hoy el mundo es más que nunca un mundo de estados nacionales” pero que “administrar semejante sistema requiere en última instancia un solo poder militar aplastante que pueda mantener a raya a todos los demás21. Una única superpotencia en el mundo tiene ese problema, y es Estados Unidos. De esta línea de pensamiento se deduce que Meiksins estaría entonces con las tesis del superimperialismo.

Harvey, por último, dará cuenta de cómo “los europeos se sienten mucho más atraídos por una visión kautskiana del ultraimperialismo en la que los principales poderes capitalistas supuestamente colaborarán sobre una base igualitaria” ya que “una hegemonía estadounidense inestable basada en la militarización permanente y en un aventurerismo tal que podría amenazar seriamente la paz global no es una perspectiva atractiva para el resto del mundo.22.

En su planteo alrededor del problema del imperialismo va a hacer eje en los factores políticos, sobre los económicos, en discusión con Lenin: “el viraje hacia una forma liberal de imperialismo (asociada a una ideología de progreso y a una misión civilizatoria) no resultó de imperativos económicos absolutos sino de la falta de voluntad política de la burguesía para resignar alguno de sus privilegios de clase23. Para Harvey el superimperialismo estadounidense hegemónico es más político y militar que expresión de una necesidad económica, tiene como única salida ante los tiempos de crisis o convulsiones: la represión activa o la tiranía interna.

1Lenin, V.I..: Imperialismo. Fase superior del capitalismo, en Obras Escogidas, Editorial Progreso, 1961.
2Lenin, V.I..: Ídem
3Mandel, E.: La teoría marxista del imperialismo y sus críticos (traducción de la cátedra).
4Lenin, V.I..: Ídem
5Mandel, E.: Ídem
6Subrayados mías. Lenin, V.I..: Ídem
7Lenin, V.I..: Ídem
8Lenin, V.I..: Ídem
9Lenin, V.I..: Ídem
10 Bach, Paula: Prólogo a “El capitalismo y sus crisis”, CEIP.
11Chingo, J.: Crisis y contradicciones del “capitalismo del siglo XXI” en “Estrategia Internacional” Nº 24.
12Mandel, E.: Ídem
13Chingo y Santos: Polémica con Perry Anderson Imperialismo, Ultraimperialismo y Hegemonía al comienzo del siglo XXI en “Estrategia Internacional” Nº 19.
14Katz, C.: “El imperialismo contemporáneo”
15Katz, C.: Ídem.
16Katz, C.: Ídem.
17Katz, C.: Ídem.
18Panitch, L.: “Crisis global e imperio norteamericano”, Socialist Register, 2004.
19Panitch, L.: Ídem
20Panitch, L.: Ídem
21Meiksins Wood, E.: “Imperio del capital”, El Viejo Topo, 2005.
22Harvey, D.: “El nuevo imperialismo: acumulación por desposesión”, Akal, 2003.
23Harvey, D.: Idem.
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