Estrategia diferencial en Gramsci desde Trotsky

GramsciAntonio Gramsci, desde la perspectiva de Perry Anderson[1], va a distinguir en sus análisis la relación entre estado y sociedad civil en Rusia y en Europa occidental respectivamente. En los “estados avanzados” considerará que la “sociedad civil” se ha convertido en una estructura muy compleja, que es capaz de resistir las incursiones catastróficas de la economía como las crisis, depresiones y otras manifestaciones similares. Sostendrá que “la superestructura de la sociedad civil [es] como el sistema de trincheras de la guerra moderna”[2]. Lo que contrapone el revolucionario italiano es el curso que la revolución rusa (oriente) había tomado, con el carácter que tendría una estrategia correcta para llegar al socialismo en las sociedades occidentales, ya que según su visión la relación entre “sociedad civil” y el estado es una relación distinta en ambos tipo de sociedades. Según la interpretación de Perry Anderson, Gramsci ve en oriente que “el estado es todo” mientras que en occidente prima una “relación equilibrada” entre sociedad civil y sociedad política (Estado)[3].

La polémica de Gramsci con León Trotsky estará centrada entonces en si la estrategia de los rusos del ´17, que llegaron a la toma del poder en una estructura “embrionaria y laxa”, era o no compatible en occidente, donde primaba una estructura “sólida y compleja”. Sostiene Gramsci: “En Oriente, el estado lo era todo, la sociedad civil era primitiva y gelatinosa; en Occidente existía una relación apropiada entre estado y sociedad civil, y cuando el estado temblaba, la robusta estructura de la sociedad civil se manifestaba en el acto. El estado sólo era una trinchera avanzada, tras de la cual había un poderoso sistema de fortalezas y casamatas; más o menos numerosas de un estado al otro, no hace falta decirlo – pero precisamente esto exigía un reconocimiento exacto de cada país individual.”[4].

El lugar común desde donde se parte muchas veces para pensar las divergencias entre León Trotsky y Antonio Gramsci alrededor del problema de occidente y oriente, es creer que, contra los propios pronósticos de Gramsci, revolucionarios como Trotsky negaban las características particulares de estos dos tipos de sociedades. El revolucionario ruso, no distinguiría entonces entre un oriente donde las sociedades serían más fluidas y en occidente la unión de la sociedad civil y el Estado era una alianza sólida[5]. ¿Esto es efectivamente así?

León Trotsky también desarrolló en sus análisis distinciones entre estos dos tipos de sociedades, pero a las diferencias objetivas entre oriente y occidente no les daba ni un carácter absoluto ni determinante que lo lleve, como a Gramsci, a plantear como conclusión una estrategia diferenciada. “Ni la ´estructura masiva´ de las democracias modernas, ni la mayor eficacia del aparato represivo podían verse como fenómenos inmutables. Marcando las diferencias entre la Revolución en Rusia y en los países occidentales [Trotsky] señalaba: ´Era nuestra ventaja mayor la de que preparábamos el derrocamiento de un régimen que aún no había tenido tiempo de formarse. La extrema inestabilidad y la falta de confianza en sí del aparato estatal de Febrero facilitaron de modo singular nuestro trabajo, manteniendo la firmeza de las masas revolucionarias y del partido mismo. […] La revolución proletaria en occidente tendrá que habérselas con un Estado burgués enteramente formado.´.”[6].

En palabras de Perry Anderson: “La distinción entre Oriente/Occidente reaparece en forma de demarcación entre ´democracias modernas´ y ´sociedades atrasadas y coloniales´”[7], perdiendo de vista, Gramsci, que en última instancia “el estado es el mismo tipo de objeto en ambas”[8]. Desde ya Trotsky veía el carácter capitalista en ambas sociedades, pero avanzará más allá, sobre todo en lo que hace a las conclusiones estratégicas.

Las propias posiciones de Gramsci, y también de sus interpretadores, son consecuencia de un hecho real: el fracaso de la revolución en Occidente. Esta realidad reabría el debate estratégico partiendo de buscarle una explicación sobre las derrotas del ´21 y del ´23. Las divergencias posteriores partirán desde este interrogante, cuestión que por ejemplo llevará a Gramsci a distinguir entre guerra de maniobra y de posición, contraponiendo una a la otra y explicando desde allí el fracaso de la revolución en la primera oleada del siglo XX.

¿Estas convergencias y divergencias qué debates, que tenían importantes conclusiones estratégicas, atravesaban en el seno de la III internacional? En primer lugar el balance entorno a la acción de marzo de 1921 en Alemania, posteriormente la derrota Alemana de 1923 y desde ya frente al avance del fascismo. Gramsci le dará mayor importancia en sus escritos a la primera acción, de la que concluirá su distinción entre Oriente y Occidente. Pero como plantean Albamonte y Maiello: “Gramsci establece una continuidad entre la lucha del III y IV Congreso de la IC por el frente único desde la ´Acción de Marzo” de 1921, y la batalla contra la línea del ´tercer periodo´ luego del VI Congreso de la IC de 1928. Lo que se pierde en el medio, no es sólo una visión realista de los planteos estratégicos de Trotsky sino que es nada más y nada menos, que la importante discusión en torno a la articulación entre ´posición´ y ´maniobra´, entre frente único e insurrección en ´occidente´.”[9].

En el marco de los importantes debates que recorrieron el periodo entreguerras en la Tercera Internacional,  en particular la derrota alemana de 1923 abrió el interrogante de si era posible en aquellas condiciones una revolución triunfante o no en occidente.

Dice Albamonte y Maiello sobre este punto: “Gramsci a principios de 1924 parece ir en el mismo sentido que Trotsky en cuanto al alejamiento de la posibilidad inmediata de revolución y la necesidad de poner en primer plano la lucha por la influencia entre las masas para preparar las condiciones de la toma del poder. Sin embargo, Gramsci no extrae esta conclusión sobre la base de la derrota en la lucha de clases del movimiento obrero alemán, sino directamente de las características más generales que diferencian “oriente” de “occidente””[10].

Trotsky igualmente discutía contra quienes creían que el problema era que la situación no estaba madura, y ponderaba, por encima de Gramsci, las conclusiones que se extraían de la experiencia en la lucha de clases. Su eje estaba puesto en lo “relativo” de la situación, alertando sobre que la característica propia de la época eran los giros bruscos y que había que prepararse para ellos. Mientras, Gramsci ponía el acento en las características generales de occidente, haciendo hincapié en lo “estable”, por encima de lo relativo, de la situación.

Albamonte y Maiello son contundentes en este sentido: “las divergencias entre Trotsky y Gramsci sobre la revolución en ´occidente´ no surgen de la constatación de la mayor complejidad de las superestructuras políticas ´occidentales´, sino de las diferentes conclusiones estratégicas que ambos extraen de ello.”[11].

Partiendo de que Gramsci va a compartir las consideraciones de Trotsky sobre el frente único y la preocupación sobre la necesidad de ganar a las masas en los momentos previos a la insurrección, en sus Cuadernos de la Cárcel es donde expondrá su posición acerca de la “guerra de posición” como la única estrategia posible para Occidente. Su estrategia diferencial para oriente y occidente será un punto central de divergencia con el pensamiento de León Trotsky.

Dice Antonio Gramsci: “La determinación, que en Rusia era directa y lanzaba las masas a las calles, al asalto revolucionario, en Europa central y occidental se complica con todas estas superestructuras políticas creadas por el superior desarrollo del capitalismo, hace más lenta y más prudente la acción de las masas y exige, por lo tanto, al partido revolucionario una estrategia y una tácticas mucho más complicada y demás respiro que las que necesitaron los bolcheviques en el período comprendido entre marzo y noviembre de 1917.”[12]. De este  planteo se desprende que la guerra de maniobra (o movimiento) aplicaría para oriente, y la guerra de posición para occidente. En palabras de Perry Anderson, Gramsci expresa en sus Cuadernos de la cárcel, un clima de época que impregna a un sector de los revolucionarios de la Tercera Internacional, aquellos que creían que “en Europa central y occidental […] las condiciones locales en las tenían que luchar estaba lejos de las que se habían obtenido en Rusia”[13]. Es así como la conclusión que Gramsci desprende de su análisis sobre occidente es que: “La estrategia revolucionaria […] se convierte en una larga e inmóvil guerra de trincheras entre dos campos en posiciones fijas, en lo que cada uno intenta socavar al otro cultural y políticamente.”[14]. Vale aclarar que Gramsci no rompe con la tradición marxista en el punto sobre la necesidad de la toma del poder, pero su contraposición absoluta entre guerra de maniobra y guerra de posición lo aleja teóricamente de esa posibilidad.

¿Pero de qué hablamos cuando decimos guerra de posición y de maniobra en Gramsci? La guerra de posición es la lucha de la clase obrera organizada para ganar hegemonía, y una vez que se la conquista es una victoria decisiva del trabajo sobre el capital. De allí su preocupación por la táctica del frente único. En cambio sostuvo el papel subsidiario de la guerra de movimiento o maniobra en occidente, que se reducía a la conquistas de posiciones no decisivas[15].

Perry Anderson será crítico de esta estrategia diferencial en Gramsci: “Formular una estrategia proletaria en el capitalismo metropolitano esencialmente como una guerra de maniobra es olvidar la unidad y la eficacia del estado burgués y lanzar a la clase obrera contra él en una serie de aventuras morales. Formular una estrategia proletaria esencialmente como una guerra de posición es olvidar el carácter necesariamente repentino y volcánico de las instituciones revolucionarias, que, por la naturaleza de estas formaciones sociales, no se pueden estabilizar por largo tiempo y precisan por lo tanto de la mayor rapidez y movilidad en el ataque si no se quiere perder la oportunidad de conquistar el poder. La insurrección, como siempre enfatizaron Marx y Engels, depende del arte de la audacia.”[16]. La idea de “audacia” en Anderson podemos relacionarla con las definiciones de Trotsky sobre las crisis de dirección revolucionaria “en vísperas del tránsito a la insurrección”, en relación al balance que le hace Trotsky a la sección alemana de la IC por su falta de “audacia” frente a los acontecimientos del ´23.

Alrededor del arte de la audacia en vísperas a la insurrección Trotsky sacará importantes lecciones estratégicas de la derrota alemana. Una de ellas era: “que la dirección del KPD se había demostrado incapaz de realizar el giro brusco del pasaje a la ofensiva en el momento oportuno, que había sido incapaz de articular el pasaje de la guerra de posición a la guerra de maniobra en términos de Gramsci.”[17]. Como vemos su planteo sostiene que en toda “guerra” se combinan posición y maniobra, así como defensiva y ofensiva como momentos variables propios de cualquier combate. Entre ambas se da una relación necesariamente complementaria. “Trotsky criticó una y otra vez cualquier teoría estratégica que fetichizara ya fuera la maniobra o la posición como principio inmutable o absoleto. Todas las guerras deberían combinar de posición y la maniobra.”[18]. Su concepción del frente único suponía pasar de una posición defensiva a una ofensiva, en vías de salirse de los límites del régimen burgués a través del desarrollo de la forma organizativa que tomaba el frente único: los soviets.

Pero este planteo estratégico para pensar el arte de la insurrección, superior al de Gramsci, no negaba las diferencias de la situación que ponderaba el italiano. Pero de esa combinación Trotsky abordaba una conclusión estratégica superior: sostenía que la “facilidad” con la que habían conquistado el poder en Rusia, tuvo como consecuencia los altos costos de la guerra civil posterior. La situación en occidente se daría a la inversa: “cuanto más difícil y agotadora sea la lucha por el poder del Estado, menos posible será desafiar el poder del proletariado después de la victoria.”[19]. La premisa que anulaba la estrategia diferencial de Gramsci basada en ver un equilibrio distinto en la relación entre sociedad civil y política en oriente como en occidente, era que en ambos casos la posibilidad misma de una insurrección proletaria presuponía la disgregación avanzada del Estado capitalista.

Mientras Gramsci desde la cárcel interpretaba la teoría de la revolución permanente de Trotsky como una teoría de la guerra de maniobra, de la ofensiva, la misma era más bien una teoría de la transición proletaria, que establecía una relación entre el frente único defensivo y la ofensiva insurreccional.  Este último aspecto en el planteo estratégico de Gramsci se encuentra devaluado, y no permite tener claridad de cuándo y en qué condiciones la clase obrera puede pasar a la ofensiva, torciendo la relación de fuerzas de los revolucionarios a favor del proletariado.


[1]             Anderson, Perry: Antinomias de Antonio Gramsci.

[2]             Anderson, Perry: Idem.

[3]             Anderson, Perry: Idem.

[4]             Anderson, Perry: Idem.

[5]             Estrategia Internacional (E.I.) Nro. 28.

[6]             EI 28.

[7]             Anderson, Perry: Idem.

[8]             Anderson, Perry: Idem.

[9]             EI 28.

[10]           EI 28.

[11]             EI 28.

[12]           EI 28.

[13]           Anderson, Perry: Idem.

[14]           Anderson, Perry: Idem.

[15]           Anderson, Perry: Idem.

[16]             Anderson, P.: Ídem.

[17]             EI 28.

[18]             Anderson, P.: Ídem.

[19]             EI 28.

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