Lenin vs. “Guerrero”

Guerrero del PO en este artículo (entre otras muchas frases cuestionables) dice lo siguiente: “Estos izquierdistas coinciden, especialmente, con la posición oficial del gobierno y del kirchnerismo, que consideran a esas asonadas o sediciones como una reacción política contra un gobierno “nacional y popular”. La consigna: “Para los trabajadores, sí; para la yuta, no”, significa plantear el desmantelamiento de los aparatos represivos por la vía de la disminución los salarios de su personal, un absurdo.“. Lamentablemente, como en otros casos, Guerrero borra con su pluma toda la tradición leninista que nos ha dejado profundas conclusiones alrededor de cada uno de estos debates, en este caso, sobre las fuerzas represivas. Lenin, contra lo que para Guerrero es un absurdo, planteaba la máxima: “‘ni un centavo, ni un hombre’, no sólo para el ejército regular, sino tampoco para la milicia burguesa“.

Para recuperar su legado me interesa hoy rescatar dos textos de Lenin (o extractos), donde se encuentra en discusión con los pacifistas y oportunistas en 1916 y 1917, en plena primera guerra mundial y en las vísperas de la revolución rusa de octubre. Uno es “El programa militar de la revolución proletaria” y el otro “Las tareas del proletariado en nuestra revolución” (que tiene un nombre similar a las Tesis de Abril, pero que es posterior). En ambos desarrolla la posición de los bolcheviques frente a los destacamentos de profesionales armados de la burguesía, su programa para su disolución (contrario por el vértice al que propone Guerrero del PO en el mismo artículo), plantea por qué tipo de organismos debían ser reemplazados, y cómo y cuándo -en qué situación- este puede ser impuesto por la fuerza del proletariado.

El programa militar de la revolución proletaria, Lenin en septiembre de 1916.

“Nosotros, si no queremos convertirnos en pacifistas burgueses o en oportunistas, no podemos olvidar que vivimos en una sociedad de clases, de la que no hay ni puede haber otra salida que la lucha de clases. En toda sociedad de clases -ya se funde en la esclavitud, en la servidumbre, o, como ahora, en el trabajo asalariado- , la clase opresora está armada. No sólo el ejército regular moderno, sino también la milicia actual -incluso en las repúblicas burguesas más democráticas, como, por ejemplo, en Suiza- , representan el armamento de la burguesía contra el proletariado. Esta es una verdad tan elemental, que apenas si hay necesidad de detenerse especialmente en ella. Bastará recordar el empleo del ejército contra los huelguistas en todos los países capitalistas.

El armamento de la burguesía contra el proletariado es uno de los hechos más considerables, fundamentales e importantes de la actual sociedad capitalista. ¡Y ante semejante hecho se propone a los socialdemócratas revolucionarios que planteen la “reivindicación” del “desarme”! Esto equivale a renunciar por completo al punto de vista de la lucha de clases, a renegar de toda idea de revolución. Nuestra consigna debe ser: armar al proletariado para vencer, expropiar y desarmar a la burguesía. Esta es la única táctica posible para una clase revolucionaria, táctica que se desprende de todo el desarrollo objetivo del militarismo capitalista, y que es prescrita por este desarrollo. Sólo después de haber desarmado a la burguesía podrá el proletariado, sin traicionar su misión histórica universal, convertir en chatarra toda clase de armas en general, y así lo hará indudablemente el proletariado, pero sólo entonces; de ningún modo antes.

(…)

En lo que se refiere a la milicia, deberíamos decir: no somos partidarios de la milicia burguesa, sino únicamente de una milicia proletaria. Por eso, “ni un céntimo [centavo], ni un hombre”, no sólo para el ejército regular, sino tampoco para la milicia burguesa, incluso en países como los Estados Unidos o Suiza, Noruega, etc. Tanto más cuanto que en los países republicanos más libres (por ejemplo, en Suiza) observamos una prusificación cada vez mayor de la milicia, sobre todo en 1907 y 1911, y que se la prostituye, movilizándola contra los huelguistas. Nosotros podemos exigir que los oficiales sean elegidos por el pueblo, que sea abolida toda justicia militar, que los obreros extranjeros tengan los mismos derechos que los obreros nacionales (punto de especial importancia para los Estados imperialistas que, como Suiza, explotan cada vez en mayor número y cada vez con mayor descaro a obreros extranjeros, sin otorgarles derechos). Y además, que cada cien habitantes de un país, por ejemplo, tengan derecho a formar asociaciones libres para aprender el manejo de las armas, eligiendo libremente instructores retribuidos por el Estado, etc. Sólo en tales condiciones podría el proletariado aprender el manejo de las armas efectivamente para sí, y no para sus esclavizadores, y los intereses del proletariado exigen absolutamente ese aprendizaje. La revolución rusa ha demostrado que todo éxito, incluso un éxito parcial, del movimiento revolucionario -por ejemplo, la conquista de una ciudad, un poblado fabril, una parte del ejército- obligará inevitablemente al proletariado vencedor a poner en práctica precisamente ese programa.”.

Las tareas del proletariado en nuestra revolución (Proyecto de plataforma del partido proletario), Lenin en septiembre de 1917, en Obras Escogidas, Tomo II, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Moscú, 1960.

“La sustitución de la policía por la milicia del pueblo es una transformación que se deriva de todo el proceso revolucionario y que se está realizando actualmente en la mayoría de los lugares de Rusia. Debemos explicar a las masas que, en la mayoría de las revoluciones burguesas de tipo corriente, esta transformación ha sido muy efímera y que la burguesía, incluso la más democrática y republicana, ha restablecido la vieja policía de tipo zarista, separada del pueblo, colocada bajo las órdenes de los elementos burgueses y capaz de oprimir al pueblo por todos los medios.

Sólo hay un medio de impedir la restauración de la policía: crear una milicia popular y fusionarla con el ejército (sustitución del ejercito permanente por el armamento de todo el pueblo). A esta milicia deberán pertenecer absolutamente todos los ciudadanos y ciudadanas, desde los quince hasta los sesenta y cinco años, edades que sólo tomamos a titulo de ejemplo para determinar la participación en ella de los adolescentes y ancianos. Los capitalistas deberán abonar a los obreros asalariados, criados, etc., el jornal de los días en que presten servicio social en la milicia. Sin incorporar a la mujer a la participación independiente tanto en la vida política en general como en el servicio público permanente que deben prestar todos los ciudadanos, es imposible hablar no sólo de socialismo, sino ni siquiera de una democracia completa y estable. Hay, además, funciones de “policía”, como el cuidado de los enfermos y los niños vagabundos, la inspección de la alimentación, etc., que no pueden cumplirse satisfactoriamente sin conceder a la mujer plena igual de derechos no sólo sobre el papel, sino en la realidad.

Impedir el restablecimiento de la policía, aplicar las fuerzas organizadoras de todo el pueblo a la creación de una milicia que abarque a toda la población: tales son las tareas que el proletariado ha de llevar a las masas para proteger, consolidar y desarrollar la revolución.”.

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