Guerrero y el PO, otra vez, contra la tradición bolchevique-leninista

Guerrero en una nota publicada en la Prensa Obrera del día de ayer sigue insistiendo en equiparar la política del PTS frente a los hechos de La Tablada, a la política claudicante del Izquierda Unida (PC/MAS). Esto, a pesar que en la nota que publicamos en nuestro periódico (La Verdad Obrera) de ayer, el camarada Titin, rebate argumento por argumento.

Guerrero y el PO, cediéndoles a la política reaccionaria del MTP, que permitió con su acción que se fortalezcan las fuerzas represivas, y por ende al régimen político, derechizándolo, rompen con la tradición del marxismo, con la tradición bolchevique leninista. ¿Por qué lo sostengo?

Los marxistas revolucionarios rusos de fines de S. XIX y principio del S. XX, se caracterizaron por dar todo tipo de luchas políticas e ideológicas contra el heterogéneo populismo ruso (sobre todo a partir de lo que denominamos la “segunda generación” de los años ´80) y sus métodos, de al menos una parte de ellos, de terrorismo individual, que los llevaba a tener una política finalmente reaccionaria (de la cual podemos desprender puntos de contactos con la política finalmente reaccionaria del MTP en el ´89).

Esos debates impulsados por los primeros marxistas rusos (algunos de ellos incluso procedían del populismo de los años ´60 y ´70) y las conclusiones teóricas que se extrajeron, fueron la primera “base de granito” del futuro partido bolchevique. El fundador del marxismo ruso, Plejanov, y también Lenin, a finales del S.XX, sacaron las primeras conclusiones, al calor del debate con los populistas, sobre el rol hegemónico del proletariado, la relación de este con el campesinado (que era más numeroso), hasta sobre la necesidad de organizar a las masas previo al alzamiento armado. En 1894, Lenin escribe su primer artículo: ¿Quiénes son los ‘Amigos del pueblo’ y cómo luchan contra los socialdemócratas?, artículo que contiene los debates de la época con los terroristas, entre otros.

Incluso, el propio Lenin cuando finalmente adhiere a las ideas del marxismo (Trotsky en la biografía sobre Lenin lo fecha en 1891) jamás le cedió un milímetro al populismo ni en el terreno teórico ni de la estrategia (aunque en esos años Lenin todavía hablaba de “táctica”). A pesar de que no cuestionaba la violencia (o terrorismo) “en general”, que admiraba el heroicisismo de los primeros narodnikis (populistas) y que incluso condena el terrorismo estando él mismo atravesado personalmente por las consecuencias de esa política (su hermano mayor es asesinado por el régimen zarista, luego de querer protagonizar una acción terrorista fallida), fue contundente y lapidario en la condena a la política y los métodos de los populistas que practicaban el terrorismo individual.

Pierre Broué sostiene en su libro El partido bolchevique que la lucha ideológica de Plejanov con los populistas sentó “las base de la victoria posterior de los socialdemócratas sobre los socialistas revolucionarios”, o sea no estamos hablando de poca cosa. El embrión del futuro partido revolucionario que protagonizará el octubre de 1917, con una estrategia revolucionaria que se mostró superior, surge del debate lapidario con los populistas.

Hagamos un repaso. En 1903 el II Congreso de la socialdemocracia rusa votó la siguiente resolución: “El Congreso rechaza con toda energía el terrorismo, es decir, el sistema de asesinatos políticos individuales, por ser un método de lucha política que en los momentos actuales resulta particularmente contraproducente, porque aparta a las mejores fuerzas de la labor urgente y perentoria de organización y propaganda, destruye los vínculos entre los revolucionarios y las masas de las clases revolucionarias, y entre la población en general, las más falsas ideas acerca de los objetivos y los métodos de la lucha contra la autocracia.

Dos años después, en el Capítulo III del “Qué Hacer” (1905), Lenin hace un importante debate contra las alas sindicalistas y terroristas, que bajo la cobertura del espontaneísmo, esconden su brutal escepticismo sobre la actividad revolucionaria de las masas. Todos los primeros años del S.XX están atravesados por debates de Lenin, incluso al interior de la socialdemocracia rusa, contra la influencia de los métodos terroristas en las propias filas.

Trotsky en la biografía de Lenin, en el capítulo III llamado “La ruta revolucionaria de la intelligentsia”, desarrolla las distintas etapas por la que pasó el populismo ruso, en qué medida fue “la vieja escuela” de los populistas la “cuna de la revolución rusa”, y en qué medida hubo que romper (como Lenin hizo) con esa “herencia”. En el Capítulo VI del mismo libro llamado “El 1ero de marzo de 1887” (fecha en la que el hermano de Lenin y su grupo intentan matar al zar), dice Trotsky: “Las tentativas de los historiadores soviéticos oficiosos para presentar “la fracción terrorista” como una especie de puente entre el movimiento precedente y la socialdemocracia, a fin de tener así la posibilidad de señalar a Alejandro Ulianov [hermano de Lenin] como un eslabón entre Jeliabov y Lenin, no están justificadas en modo alguno por el análisis de los hechos y de las ideas. En la esfera de la teoría, el grupo de Ulianov vivía de consideraciones eclécticas, características de los años ‘80, período de decadencia. Prácticamente, este grupo debe ser incluido entre los epígonos de la Narodnaia Volia, cuyos métodos llevó hasta el absurdo. La proeza del 1º de marzo de 1887 no entrañaba ningún embrión de porvenir; representaba, en suma, la última convulsión, verdaderamente trágica, de las pretensiones ya condenadas “de la personalidad que piensa críticamente” en el sentido de una misión histórica independiente. En esto residía justamente una enseñanza que había costado tan cara.”. El sólo intento de asesinar al zar tuvo como costo el asesinato de los militante acusados y abrió una etapa de feroz persecución y reacción social. Trotsky no sólo condenó al régimen zarista (al punto de ser parte de su destrucción), sino también la política de los terroristas. Para Trotsky “la táctica de intimidar a la monarquía con bombas” los había convertido en un “destacamento de combate al servicio del liberalismo” (en Lenin, de León Trotsky).

El 4 de febrero de 1905, Lenin en el artículo “Un acuerdo de lucha para la insurrección” (que no tenemos digitalizado ni editado pero que deberíamos hacerlo), es contundente en la condena al terrorismo que quiere sustituir el protagonismo de las masas en la insurrección: “El terrorismo de la intelectualidad y el movimiento obrero de masas aparecían separados lo cual hacía que ambos carecieran de la fuerza necesaria. Precisamente esto es lo que siempre dijo la socialdemocracia revolucionaria. Y por ello luchó siempre, no sólo contra el terrorismo, sino también contra la propensión al terrorismo que más de una vez revelaron los representantes del ala intelectual de nuestro partido. Por ello se manifestaba la vieja Iskra contra el terrorismo cuando publicaba en el núm. 48: ´La lucha terrorista a la manera antigua era la forma más arriesgada de la lucha revolucionaria, y los hombres que la practicaban tenían fama de ser combatientes intrépidos y abnegados… Pero ahora que las manifestaciones se convierten en una resistencia abierta contra el poder público… el viejo terrorismo ha dejado de ser un método de lucha que requiera una valentía excepcional… El heroísmo ha salido ahora a la plaza pública: los verdaderos héroes de nuestro tiempo son, hoy, los revolucionarios que se colocan a la cabeza de la masa del pueblo que se ha rebelado contra sus opresores… El terrorismo de la gran revolución francesa… comenzó el 14 de julio de 1789, con la toma de la Bastilla. Su fuerza era la fuerza del movimiento revolucionario del pueblo… Ese terrorismo no surgió porque la gente se sintiera decepcionada de la fuerza del movimiento de masas, sino, al contrario, porque creía inconmoviblemente en su fuerza… La historia de ese terrorismo es extremadamente aleccionadora para los revolucionarios rusos. (…)

¡Sí, una y mil veces sí! La historia de ese terrorismo es extraordinariamente aleccionadora. Y también lo son las citas tomadas de Iskra, procedentes de año y medio atrás. Estas citas nos exponen en toda su magnitud las ideas a que podrían llegar también los socialistas-revolucionarios bajo la influencia de las enseñanzas revolucionarias. Nos recuerdan la importancia de la fe en el movimiento de masas; nos recuerdan la firmeza revolucionaria que sólo se logra mediante la consecuencia en los principios y que es lo único que puede precavernos contra las “decepciones” producidas.

(…) El asesinato de Serguei, llevado a cabo en Moscú el 17 (4) de febrero, cuya noticia telegráfica acaba de recibirse, es, evidentemente, un acto terrorista de la vieja escuela. Los pioneros de la lucha armada aún no han sido absorbidos por las filas de la masa excitada. No cabe duda de que fueron esos pioneros los que en Moscú arrojaron bombas contra Serguei, en los momentos en los que la masas (en Petersburgo) sin pioneros, sin armas, sin mandos ni estado mayor revolucionarios, “se lanzaba con furiosa ira contra la afiladas puntas de las bayonetas”, … El divorcio del que hablamos más arriba sigue existiendo, y la ineficacia del terrorismo individual, intelectualista, se percibe con tanta mayor claridad, pues ahora todo el mundo se da cuenta de que “la masas se ha puesto a la altura de los héroes individuales, de que ha despertado en ella el heroísmo de masa”…”. [Quién quiera el texto completo que lo pida].

Por lo tanto: La negativa del PO a hacer un balance serio de la política del MTP en La Tablada, y sólo “recordar” este debate para calumniar al PTS, es una muestra clara de que lejos están de la valiosa tradición bolchevique-leninista. Trotsky, en su biografía sobre Lenin, expone un método que nosotros tenemos que rescatar. Describe al detalle la historia de los revolucionarios rusos y su relación con el nacimiento del proletariado. Su método es el de establecer una continuidad con la “vieja escuela” de los populistas rusos a quienes reivindica como revolucionarios (como los de la década de 1860 y 1870), y al mismo tiempo saber cuándo establecer una ruptura con esa herencia (desde 1880, en adelante). En esa contradicción, Trotsky describe cómo surge Lenin, el futuro dirigente del partido bolchevique, que adhiere al marxismo en 1891.

Para el PO y su agente “Guerrero” (más contradictorio el apellido, imposible), tal cual dice en su artículo, La Tablada para ellos merece un “recordatorio” por parte de la izquierda. En cambio, para la tradición bolchevique leninista, las lecciones estratégicas de la lucha de clases son un “manual de acción” que nos preparan para vencer, como se preparó el partido bolchevique. Los que sólo “recuerdan” tienen un lugar asegurado, más temprano que tarde, más tarde que temprano, en el basurero de la historia.

Categorías: Historia, Partido | 3 comentarios

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3 pensamientos en “Guerrero y el PO, otra vez, contra la tradición bolchevique-leninista

  1. bren

    excelente!

  2. rosauro

    Guerrero es un militante de toda la vida fogueado bajo dictaduras, el último párrafo es una falta de respeto. Con respecto al análisis del PO sobre el MTP, su foquismo delirante, su adaptación al alfonsinismo, etc, se hicieron muchísimas notas al respecto en la prensa, no es culpa del PO que ustedes no estén al tanto.

  3. el dani

    El pts estaba posando de víctima del mas mientras sucedía lo de tablada, ni siquiera califica para el debate aun después de mil años…

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